Casi nunca me levanto con una idea, y hoy no fue la excepción. No tenía notas, era un reportero sin trabajo, hasta que sonó el teléfono, y desde Irapuato nos avisaron de una volcadura. Apenas ayer, había peleado con ella, y antes de ayer, también con ella. Es que confundo las cosas.
Al menos hoy, salió la entrevista del escritor español; me lo encontré en la calle, me miró de frente y me dijo: “No soy español, sabes perfectamente que ya estoy nacionalizado”.
Pero no lo recordé.
Ahora, él pensará toda la noche que aún estamos en pañales, que somos xenofóbicos, que no salió bien en la foto, y que Borges no supo estar a la altura de sus escritos, ni de su tiempo.
Yo pensaré toda la noche, en que los primeros de cada mes no son buen día para morirse, que la entrevista al escritor español, perdón, nacionalizado mexicano, al menos salió, y que ella volverá a pelear conmigo, que se me quedará mirando de nuevo a los ojos y dirá: “Como me lastima verte así”.
Y al día siguiente, tendré un fuerte dolor de cabeza. Galo se me acercará y leerá mis notas. Les hará ajustes, me preguntará: “¿Cómo te gusta que te digan, vives solo?”, y responderé con cínismo e ironía, que nadie entenderá sino el señor Martín.
II
Cuando llegamos justo a la comunidad de Santiaguillo (creo que ya he escrito sobre ella, donde aún habita don Benjamín Luna Landín, hombre de más de cien años que vivió la época de
En el trayecto, había platicado con el fotógrafo sobre “El Fua”, un hombre que se decía conocedor de una antigua filosofía oriental, “capaz de revivir a los muertos, leer el futuro y sacar el poder dentro de sí, de una zona cercana a su estómago”, informaban todos los diarios del país.
Yo miré el cuerpo inerte de la mujer, tendido sobre las piedras, a diez metros de la camioneta de donde fue proyectada, disparada, enviada en tan solo unos segundos a donde el sol no cubre oriente ni occidente.
Los policías reían de un chiste reciente, y “El Fua” volvió a aparecer. En uno de los árboles cercanos a donde otros cuerpos habían caído y se atisbaba sangre, había un papel periódico a punto de volar por los efectos climáticos del huracán Arlene. Se leía en la plana: “FUAAAAAAA”.
El fotógrafo fue el primero en darse cuenta. Ya había tomado las fotos de la muerta, con las piernas abiertas, la cara llena de sangre; tenía puestas unas botas de tacón negro, que le llegaban casi hasta las rodillas, y unas mallas del mismo color. Los policías le miraban el sexo.
Ahí estaba el hecho. Haber muerto un primero de julio. Y ahí estaba yo. Tomé apuntes, recopilé datos, imaginé escenas, pensé en ella, con quien había peleado, y de nuevo pelearé.
“Saca tu fuaaa”, me dijo el fotógrafo, quien una hora antes había remedado de la entrevista hecha al escritor mexicano, de origen español, que me encontró de frente en la calle y me advirtió sobre mi grave error.
“Sí”, le dije, “lo olvidé completamente”.
Liga a la entrevista al escritor: Borges no estuvo a la altura de su obra: Pablo Paniagua.
Foto*Manuel Bernal (Nótese el estado del vehículo)
1 comentarios:
Vaya que cosas pasan en la vida y ni el primero ni ningún día es bueno para morir o matar...
Los pleitos son una muerte lenta y la soledad muy mala consejera... su única ventaja es que siempre esta ahi...
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