martes 27 de abril de 2010

Oh


Oh, oh, oh. Las enseñanzas del lector del infinito
sirven para calentar el alma
y de vez en cuando pegar un grito;
infusión de cobardía a los amantes de la poesía
escribanos sin grafías, lamentables profecías;
el cielo está infectado de algo así como algodones
más si embargo se delatan si los comes;
hay algo en el shock de una idea triste
porque de por sí los augurios existen;
de vez en cuando salgo a tomar los tragos
y mi voz quemadura no es tan de sabio
como la de Neruda o la de Pablo,
menos dos alas diría Sabina de Efraín Huerta
pero-para versos copiados ya hay papel menta.

Vaya de disparates. Oh, oh, oh
futbol o soccer me cuesta la vida a los veinte minutos,
las auroras no son de este mundo ya muerto
de enfermos que por su madre no guardan luto;
ayer las ideas del rayo eran cursis
y hoy son más bien las fogatas del cosmos nocturno;
duerme Natalia con dos peces más de emociones
hormonas, caricias, gritos, cuchillos, canciones
adioses, viniste ¿llegaste? Te quiero, no existes.
Los extraterrestres nos dicen: te toca la peor parte
¿Podemos hablarlo? Hay ángeles sabios
que por menos ofrendas te leen el diario
de la cabeza y distinguen si no eres humano,
espíritu y tarro, de cerveza y morralla, espadas
y bastos, biblia a descuento, lo demás,
como buen ladino, De la Borbolla, lo invento.