Las ironías de la vida es un título posmoderno. No hace mucho, la ironía se comenzó a estudiar desde la vertiente más apropiada: la lingüística. Me encanta, pero yo también creo en las "ironías pragmáticas", es decir, aquellas que ocurren todos los días en nuestro entorno, en nuestra realidad, y que se ajustan a un dilema del que pocos podemos encontrar resultados: el dilema de la anécdota.
Quiero contarles algunas, que a lo largo de esta temporada he podido presenciar, indirectamente desde luego, pero que aún así dan para reflexionar. Quiero contarles el caso de un muchacho que saliendo de un hospital, pues trabajaba como chofer de ambulancia, por la poca visibilidad que permitía la niebla de la mañana, se estampó contra un camión degollándose en el acto. Volvía de llevar a dos pacientes cuando aquello ocurrió. ¿Irónico no? Su cadáver se saltará el hospital de donde venía para pasar directo a la morgue.
Otro caso es el de un joven de 21 años, que estando en su pueblo, yendo para su milpa, en compañia de su padre y amigos, se electrocutó al pasar por debajo del alambrado que delimitaba su milpa. Lo curioso son dos cosas: era un día soleado y el rayo seco cayó a kilométros de distancia, recorriendo en centécimas de segundo el alambrando justo en el momento en que el muchacho -con dos meses de casado ergo esposa embarazada- tocaba el maldito alambre. Se preguntarán ustedes que puede ser más extraño -o curioso- que esto. Pues bien, en la foto que le tomaron los periódicos amarillistas puede vislumbrarse el último atuendo del finiquitado: una playera negra de la Santa Muerte. No puedo dejar de pensar en la mañana en que se puso esa condenada playera antes de salir de casa.
Por último, y para no perder el hilo de las "ironías pragmáticas", voy a referirles el siguiente caso. Este es sobre un indigente, que paseando por última vez donde siempre lo hizo, cayó muerto en el mercado justo en el comedor del área del restaurant. Al caer no soltó la botella de aguardiente que traía consigo. El periódico menciona "estallido de hígado".
Lo curioso es que, justo enfrente de donde cayó aniquilado, había una frase escrita en la pared, que funcionada también como el nombre del local. La frase era un sencillo: "No me olvides". ¿Cómo pudo este hombre caer justamente ahí? Tuvo el suficiente poder personal para abandonarse a sí mismo y consignar un epitafio a guisa de título personal; tuvo la voluntad suficiente para cerciorarse de no ser olvidado. ¿Lo olvidarán?
Personalmente creo que la ironía es una forma de llegar a la verdad, a la verdad de las cosas. El "hálito irónico" es una facultad que no toda mente humana puede reproducir; entonces la ironía está a la vez dentro y fuera de nosotros. ¿Qué piensan ustedes?
