Hay un asunto cíclico que implica el final y el comienzo de una Era. Todos ponen su esfuerzo a la hora de construir la realidad, una realidad efímera pero segura, relativa pero lógica. La historia personal de las sociedades cambia, evoluciona; lo que antecede a los países son la toma de decisiones políticas que se acatan, de un manera u otra, dando pie a una continuidad social e histórica. Bueno, para explicarlo de manera sencilla, el cuento de toda la vida se está acabando, se está secando. Las personas no entienden que hay cosas afuera que determinan lo de adentro. Ahora que el bombardeo mediático hace de las suyas y la civilización actual está acostumbrada a recibir el mensaje de una manera específica, tiembla el suelo. Antes no te interesaba si los delfines se morían a las orillas de mar o si el agua estaba por acabarse porque la gente inconsciente la desperdiciaba; ahora sí te interesa escuchar lo que el especialista de la televisión dice sobre el aumento de las temperaturas o sobre el progreso en la cura de ciertas enfermedades. Ahora sí te pones a pensar en que lo que antes era una cosa ahora parece ser otra completamente diferente. Éste cambio era una cuestión de azar y para bien o para mal cayó en México. Ahora, crisis sobre crisis, habrá que organizarse, habrá que poner en práctica aquella disciplina de la que siempre exageraste. Ahora es cuando te das cuenta de la fragilidad de las sociedades.
Hay una desconfianza implícita en las personas a la hora de recibir la información de los medios electrónicos. Muchos se aprovecharán y pondrán en la ecuación a Dios para “salvarse”. Pero donde hay pánico hay ausencia de paz y la respuesta no está en ningún santo sino en la disolución de antiguos hábitos y en la implementación de una conciencia universal. Es ahora que tenemos no un problema sino una oportunidad para acercarnos a un nuevo estado de conciencia, que nos aleje del “yo personal” y nos acerque al otro, a la otredad, de una manera limpia, servicial y desinteresada. Los narcos tendrán que invertir en la salud. Los políticos tendrán que preocuparse menos por sus intereses personales. La iglesia tendrá que entender que hay cosas que superan al Santo Padre de la biblia. Y no se desesperen, es normal que nos sintamos amenazados cuando se “atenta” contra nuestro “curso normal de vida”, contra nuestra cotidianeidad. Uno inclina la balanza hacia uno o hacia otro lado. ¿El equilibrio? Estamos en la línea, ¿lo logramos o no lo logramos? No perdamos nuestro buen humor porque de él surge la verdadera inteligencia. Bebamos de la copa de la fe y atragantémonos con un propósito. Somos testigos de la nueva Era; si recapitulamos todos los acontecimientos del siglo XX esto ya tenía que suceder, esto ya tenía que llegar, esto ya tenía que pasar.
