Hoy por la mañana me he despertado, como cualquier otro día, y he hecho las cosas que tengo que hacer, paso por paso, poco a poco y pensando antes de realizar cada acción ¡Cosa vana! Al tener, presuntamente todo listo, me quedé un momento quieto, esperando para ver si mi cabeza recordaba algo más, algo más por lo cual hacer algo; pero nada, no recordó nada. Entonces salí de mi casa partiendo rumbo al trabajo. Cuando ya me encontraba en el camión, y cuando todavía estaba bajando, llegó a mi mente un dato importante ¡Había olvidado el enchufe de mi computador! Lo curioso es que, previo recuerdo, sentí como el peso que tenía en los hombros (porque cargo una mochila y sé que no debe llevarse nunca nada en las manos) era menos pesado que lo habitual. Enseguida mi mente asoció este hecho a la causa máter de no sentir el peso de siempre en mi espalda: el cable, enredado y métrico, era lo que faltaba y sumaba el peso acostumbrado para mi.
Ante este suceso, pensé en la suposición de despertar un día y encontrar un mundo vacío, solitario, en blanco, desértico. De ser así, lo primero sería sentir un gran susto, una gran confusión y después no habría escapatoria: ante un mundo mudo de objetos nuestra memoria es limitada, por no decir, rudimentaria y primitiva. Podría recordar quien soy, de donde vengo pero no a donde voy. No podría ir a ningún lugar, porque no recordaría el proyecto que venía pensando.
Mi mente necesita de los objetos para reconocer la realidad; se ha dicho alguna vez que las personas que leen, de alguna manera, amplían su lenguaje, y de esta manera, su realidad. Sin embargo, hay personas que no leen ni han leído nunca, y aún así, conocen tan bien el mundo que las rodea, que pueden moverse más activamente que aquellas que caen en la pereza de la intelectualidad por la intelectualidad. Los pensamientos deben ser comandos, comandos que dirijan nuestra atención y nuestro curso de vida, porque si no ¡andaríamos a la deriva, presos de algo que ni sabemos lo que es! La libertad comienza en el yo, y después en el mundo. Si uno no es libre de sí mismo ¿para qué pide libertad? Claro que este supuesto es válido sólo en ciertas circunstancias, pero en esta, la que se está dando a comienzos del siglo XXI, parece hacerse cada vez más concurrida y necesaria ¡Sepa Dios a donde nos lleve nuestro pensamiento! Por el momento, me apoyaré en los objetos que me rodean para recordar –y determinar- mi siguiente paso.

1 comentarios:
Tener la mente clara, enfocada a lo que se quiere, pero si no se sabe a bien que es lo que se quiere??? entonces como saber a donde mirar???
Uno es tan libre como el pensamiento y uno decide que hacer con el tiempo, la vida, las palabras, los conocimientos. Todo es parte de un paquete que nos hace lo que somos, lo que queremos va relacionado con el a donde queremos llegar, pero todo es parte de un proceso.
Esa estrategia de recurrir a los objetos para mantener fresco en la memoria el yo, puede ser buena estrategia, pero que pasaría cuando alguien decide darle a esas cosas otro dueño sin el consentiminto de uno... es frustrante creeme.
Yo estoy dejando pasaar las cosas y trato de enfocarme en lo que quiero, los planes y proyectos en el futuro inmediato que son parte de un gran plan y van marcando las acciones y cada paso a seguir...
Y uno es libre hasta donde quiere o hasta donde puede empezar a afectar.
Un abrazo
Publicar un comentario en la entrada