sábado 21 de febrero de 2009

Aconteceres

Erase una vez una pequeña hormiga que dormía y dormía; no trabajaba y le gustaba sorber copos de nieve que cambiaba por dulces y sonrientes tarros de marihuana hervida la cual introducía a sus fauces, vomitando poco después y engolosinada con los efectos del estupefaciente. La hormiga que dormía y que dormía y que no trabajaba, siguió durmiendo hasta que se murió.


Adagio encontrado en la Biblia del Burlón


La pequeña mariposa que reposaba sobre las ramas de los árboles se enamoró del temible saltamontes; una noche, el pequeño trovador, la esperó a las afueras de una calandria. Cuando la mariposa desenfundó sus alas, vertiendo sobre el aire el polvo mágico que avisa el presagio de los ensueños, el saltamontes sacó una macana de policía que utilizó para corromper los designios de la naturaleza.


Autos encontrados en la Cláusula del Maloliente (Pablo 5:13)


Una vez, un hombre viejo, encontró sobre la cima de un cerro, una pequeña estatua que tenía inscritas las siguientes palabras: “Quien ose encontrar en mí el pecado de los hombres, no hallará más que desdicha y muerte”. Leído esto, el campesino se quitó todas las ropas, y con su barba, se hizo una trenza artesanal sobre la que guardó la estatua, que pasados unos días, le convidó el siguiente mensaje: “Si después de todo, no encontraste en mí el pecado de los hombres, eso querrá decir que el pecado de los hombres sólo se hizo para unos cuantos: tómame ahora o no te daré las cocacolas que traigo en la cajuela de mi stratus”.


Mensaje entregado al pueblo la madrugada de Marzo de 1591.


En el camino hacia las grutas de Honó Lulú me accidenté y me vi flotando sobre mi cuerpo. Tiempo más tarde abrí los ojos y le agradecí a la vida por dejarme respirar el aire de la esperanza. Estoy muy agradecido, porque a pesar de haber perdido parte de la cabeza, me siento casi completo.


Testimonio indígena de una Guayaquil de la Sierra Madre Occidental.