viernes 9 de enero de 2009

El espejo y el Intento



Es muy extraño encontrar una puerta, con la estructura de una ventana, empotrada contra una pared. Me he parado frente a ella, sacudiéndola con fuerza, y he notado que está bien sujeta, hecha con soberbia intención. No me importa el diseño ni el material, que en este caso es hierro sólido; lo que me interesa es el motivo ulterior que existió para que se haya construido así, y de esa forma, verme reflejado en ella. En el pasillo, a un lado de la puerta, dice el velador, se aparecen esos metafóricos seres de otros estados, duendes que son presencias más que objetos sólidos. Cuando me mandan cerrar la puerta del fondo, durante las primeras horas de la noche, ya siento un miedo latente, casi profundo si no fuera porque me considero un ser racional y sobrio, capaz de diferenciar una broma sutil de una ironía. Pero el viento de la influencia es fuerte, y mi mente divaga, gusta de fantasear cada vez que pasa junto al pasillo, al lado de la puerta metálica. La soledad es buena contra el ser reactivo, y por eso, sé que prefiero gozar unos instantes conmigo mismo a compartirlos. Mañana no sé que me depara y ayer ya es suficientemente obvio; las mismas canciones que escucho las escucha otra gente, las mismas respuestas que doy, las recibe otra gente, la ropa que uso existirá por montones, mi sudor será el mismo que el del vecino, pero algo no será lo mismo que nada, algo llamado intento. Esa fuerza, perenne a la gravedad, que deambula, según explican los brujos antiguos, por el universo; esa fuerza es capaz de dar vida a lo incorpóreo, de materializar objetos o de informar sobre cualquier cosa en cualquier momento. Para esa fuerza no existe el tiempo, te toca cuando te toca y es incorruptible. Sé que quien la controle es capaz de hablar, saber, tener el conocimiento de cualquier cosa en cualquier momento, ya sea que hablemos sobre las antiguas civilizaciones Incas o sobre la Intervención Francesa del siglo XIX en México o sobre la partícula cinética del átomo o sobre el eslabón perdido de Darwin; puede saber sobre los progresos de José Pérez de 1515 o sobre el hijo recién nacido de los Clinton. La persona que controla el intento puede dar saltos de gran altura y puede curar a cualquier persona de cualquier mal; quien controla el intento puede recordar con facilidad, no le está impuesto el olvido ni las leyes de los hombres, ni la cultura ni la nacionalidad, ni la fortuna, ni nada. El intento es mítico, el intento es magia incomprensible para la mente racional, es también locura, pero es ante todo, la valía de que el universo aún no nos ha revelado ni la décima parte de sus misterios.

1 comentarios:

aNdAiRa dijo...

Vaya que tienes razón.
Ese intento, ese seguir en movimiento, el intentar hacer y no quedarse simplemente de lo que cae del cielo, sino hacer la lucha por alcanzar eso que cae antes que toque el suelo y se magulle.
Todos somos iguales, pero esa chispa es la que nos diferencia unos de otros.
Y si tu tienes el intento, no importa que te tachen de loco, alla ellos que se sientan a esperar que llega para solo verlo pasar.
Hay tanto que ver, tanto que conocer. y mucho de ello vengo a pensarlo por aca...
Un abrazo..
Nos estamos leyndo