ni de donde vengo
ni hacia donde voy.
Vagabundo, Martín Buscaglia
Tu temor enceguece más
azul caída
al rodar.
Rodar.
Excusas
excusas.
Rodar, Lucybell.
Llora mi madre sus santas lágrimas, me habla un amigo para amedrentarme, todo lo que toco se atraganta y ¿qué? pues a seguir en el viaje.
Los amores roídos. En el corazón del tiempo –donde viven los jóvenes- se presencian cúmulos de historias inexplicables. Hasta donde tengo entendido, el amor es el sustento del espíritu sobre esta tierra. La juventud vive el amor a percepción distinta. Todo intento por hacer las cosas bien es amor; en otras palabras, todo el empeño que ponga el hombre mediante su voluntad es amor.
Los psicólogos están de acuerdo en que las palabras nunca, siempre, jamás, todos, nadie, son ilusorias, terriblemente subjetivas y poco confiables, es decir, dudosas. Decir, todos aman es falso. Decir nadie ama, falso. Decir, algunos aman, otros no, cerca pero no. Decir, sin embargo, unos eligen amar, otros no, más convincente.
Aquí en el sureste, sobra decirlo, hay nuevos temas de plática. Los temas de plática no los escoge la gente. Los temas de plática general surgen de improvisto, son accidentes a la luz de la normalidad urbana.
He sostenido infinidad de pláticas a lo largo de la historia personal que cargo. Las memorables son aquellas donde se ríe más, donde goza el corazón. Las terribles son las que dejan intervenir el desatino del arrepentimiento y la culpa.
La materia de la que se sostiene el intelecto es un cuento, un cuento infinito. Un cuento que se va desplomando al deshoje de las horas, de los días, estaciones lunares, años, sombras de día. No quiero vivir en el cuento sin fin. Quiero vivir en el cuento finito.
Éstos cuentos finitos me llevan a las ideas –claras, borrosas, dolorosas, nuevas- de las que corto una esencia que se repite. Tengo unas ideas, pero no cuajan en el espeso universo. No me acongoja lo que no comprendo, me acongoja lo que comprendo, porque no lo puedo cambiar. La comprensión no se cambia. Para la comprensión sólo hay boletos de ida. Y he comprendido que eso que llaman dolor-amor existe. Nunca antes respeté éstas ideas. Creí que eran bromas –crueles en las que se gestaba el absurdo-; ahora la comprensión me ha dado lo siguiente: hay seres que aman el amor, hay seres que aman el odio, hay seres que aman a otros seres y hay seres que aman la tierra. Los últimos son los que más retienen mi primera atención. Amor a la tierra. El corazón del tiempo es la tierra, nosotros vamos de viaje.
*(foto) Parral, Chihuahua, Agosto, 2007.

