miércoles 20 de agosto de 2008

Estamos dormidos

Hay cierta ligereza en las palabras de quienes han aprendido a vivir; me ha dicho una de ellas: “La memoria es frágil” ¿Estamos concientes de ello?
La duda es el único beneficio auténtico de la humanidad, al no existir en nuestra zona cerebral, pasamos a desarrollar un severo caso de ensimismamiento. Dudemos.

Las ciudades siguen cayendo…y un niño nace…” Estas palabras, (que provienen de una letra de L.A. Spinetta) nos obligan a reflexionar, pero ¿es la reflexión un ejercicio racional que pone en paz nuestros pensamientos para permanecer tranquilos y dar por echo ciertas cosas ? ¿O es un ejercicio emocional que nos provee del don de misterio? Sin misterio no hay dudas, sin dudas no hay camino, sin camino hay estancamiento y en el estancamiento mora el aburrimiento, el egocentrismo y la banalidad.

De músicos, poetas y locos, todos tenemos un poco, se dice comúnmente. Yo añadiría que también tenemos algo de filosóficos. De un momento a otro, algo misterioso saldrá de su escondite para ponerse cara a cara con nuestra persona; será ahí donde tengamos que confrontar práctica y filosóficamente.

La era de la posmodernidad va en sus primeros años. Ya se ha definido la intención del mercado, de la política, de la televisión. Hay un camino donde permaneceremos dormidos, siempre dormidos ante las circunstancias que ocurren a nuestro alrededor, las cuales vivimos como espectadores. Somos espectadores de la muerte, del hambre, de la violencia, de las enfermedades, de los accidentes. ¿Somos protagonistas de nuestra vida? Eso se suele creer, pero las riendas no las impone uno mismo, son impuestas por las particularidades de nuestro entorno, comienzan a activarse durante nuestra niñez y por último, nos ahogan cuando envejecemos, sin recordar nada, sin filosofar nada, sin protagonizar más que nuestro derrumbe; y la pregunta que surge de este estado emocional es y será: ¿Por qué me ha pasado esto?

El otro camino requiere una entrega de tiempo, un viaje hacia nosotros. Ojo, no estoy hablando de perdernos dentro de nosotros, sino de salvarnos a nosotros mismos. ¿Cómo? La primera maniobra es alimentando la conciencia que tenemos con la edad; la edad es un limite del presente, del aquí y del ahora. La tarea es recordar hacia atrás, poco a poco, tomándonos el tiempo adecuado, es decir, aquel que no afecte nuestras obligaciones cotidianas, porque, ocuparse en exceso de uno mismo desgasta terriblemente. Vayamos con calma, pero sin detenernos. Este ejercicio se llama recapitulación.

¿Quieren despertar? Son los primeros años del siglo XXI. Algo ocurre ahí afuera, la revolución ya ha comenzado; no hay tiempo que perder ¡Preparémonos!
Quítale la etiqueta personal a lo que te rodea.