viernes 16 de mayo de 2008

Los Tres: Intelecto reformado

La práctica hace al maestro; meses antes de la llegada de las olas, Los tres se proponía cambiar el rumbo de la música chilena. Su influencia a sido tan fuerte que merecen un juicio de valor como ninguno. El primer video en forma de la banda sería El aval: historia de un hombre que se dedica a cobrar a todo mundo, sin tregua y con mal humor; termina muerto, gracias a su buena suerte. Los tres es una banda intelectual. No toca los temas sociales tradicionalmente. Es sutil y a la vez, despiadado.

Integrado originalmente por Álvaro Henríquez, Titae Lindl, Ángel Parra (de la influyente familia musical-chilena Los Parra) y Pancho Molina, determinaron el auge internacional del rock en nuestro idioma. Los Tres son un parteaguas de la música chilena y una influencia directa de diferentes bandas y proyectos. Aunque en cierta medida la banda opera como un grupo, es inevitable pensar que la médula del mismo no pertenezca a Álvaro Henríquez, guitarrista y vocalista de la banda. La letra de la mayoría de las canciones le corresponden. Es su intelecto reformado, el que nos aborda, tan propia y elegantemente, como ninguna otra banda de su género.

Grabaron su MTV Unplugged, conquistaron territorio mexicano y latinoamericano con su celebrado disco La espada y la pared; grabaron un DVD de despedida Vermouth y Noche, se pelearon, se separaron, Pancho Molina no retornó, se volvieron a reunir, incompletos...

Ésta última es la mejor parte. Hagamos alarde de subjetividad. No sé si Café Tacvba tuvo que ver con esto, pero si podemos atisbar que representaron fuerte influencia para que la banda retomara filas. Como se sabe, los Tacvbos le rindieron merecido homenaje editando un EP con cuatro conocidos temas de la banda chilena. Fue todo un éxito. Luego vino el Vive Latino donde Los Tres resucitaron entre coros y esperas excedidas. Confirmaron su regreso. Editan, al poco tiempo, su nuevo disco: Hágalo usted mismo, sonando sus dos sencillos de los que se grabaron videos.

Más subjetividad. Ely Guerra, en alguna entrevista mencionó lo siguiente: “Ahora que regresaron Los tres, lo cual me dio mucho gusto, caigo en cuenta de que me gustan más Los Pettinellis; su último disco es maravilloso”. Los Pettinellis no son otra cosa que Álvaro Henríquez y compañía en otra etapa. Álvaro también grabo su merecido disco solista, produjo el tributo a la gran Violeta Parra, hizo mancuerna con Joselo de Cafeta en la producción de su segundo disco solista y también colaboró con Los Prisioneros. Este tren nunca paró.

Es menester mencionar un dato concreto de la banda: su ideología militante. Es más de una canción la que compone lo dicho. Encuentre este sentido y convendrá propio pensar que, la dictadura chilena de 1973, no paso en balde para la música rock de este país. Curioso caso el que, en el desenchufado de la banda, Álvaro tocara disfrazado de militar. Dice la MTV, que fue uno de los conciertos más eclécticos musicalmente, muy bello y plural en el sentido instrumental, aunque también inolvidable por los malos chistes del vocalista.

Para que no se vayan con las manos más vacías que hartas y se pregunten ¿Y este dato para que importa? Pero importa. Álvaro estuvo casado durante alguna corta temporada con Julieta Venegas. Igualmente Joselo tuvo una relación afectuosa con la susodicha. Julieta ha de ser la rompecorazones del rock, pues asociarse con dos grandes figuras de la música latina ha de ser todo un lujo, y una bella opción para celebrar.

Puede ser fácil adjetivar gratamente a la banda pero ¿definirla? Ahí está el problema. Supongo que las definiciones tercas no alcanzan la magnitud de buenos temas. Los Tr3s, un organismo ideológico, militante e intelectual latente.

jueves 15 de mayo de 2008

Radiohead buddy

Las coincidencias son terriblemente angustiantes cuando se manifiestan a través de los sentidos acosados de razón. La sola idea de dejarnos llevar por éstos puede catapultar lo escalofriante, lo pervertido o lo excepcional; una banda se ha atrevido a experimentar –mediante el sonido- la capacidad de recepción orgánica que vive dentro de la vanguardia del escucha: Radiohead.

Definitivamente la melancolía, palabra gastada a más no poder y sin embargo aún digna, se proyecta a través de las canciones. El mensaje de la banda es universal y transmisible. Posee la cualidad inexorable de poderse escuchar pese a cualquier idioma; la voz es un instrumento, una melodía fructífera, vigorosa. Con una trayectoria medianamente larga, Radiohead ha cambiado el rumbo de la historia musical; la disciplina de sufrir jamás fue tan consistente. Los coros parecen ser interpretados por fantasmas sonoros que embellecen el paisaje auditivo de los sentidos. Ningún instrumento destaca más que otro, como para querer notar la intención de sublevación; sin embargo, la melodía de la guitarra es constantemente depresiva o dulce, pero ¿qué es ésta sin la intervención de la voz y de los demás instrumentos que le dotan de espíritu? Para aquellos que aún dudan de la existencia de algo denominado “alma” o “corazón”; científicos infiltrados en los méritos empobrecidos de La razón, háganme creer que ésta música no contiene en sí misma una cualidad trascendente y purificadora. Nuestros oídos, nuestras sensaciones lo pueden todo si se conectan a la fuente máter de todas las cosas: La conciencia. Toda atmósfera en cada canción, no sólo envolvente, parece mágica; una manera prodigiosa de CREAR música; una forma diferente de entregarse a los designios de la canción, de la melodía, del acto recreativo de interpretación sonora. Alta vida a la banda. Suframos.

lunes 12 de mayo de 2008

Una ventana abierta.

Debemos dejar nuestra vida personal atrás, traspasarla a segundo plano con la clara convicción de hacerse innecesaria en nuestro camino profesional. Mantener al margen la hostilidad al otro, ser empáticos con lo ajeno y alimentar nuestro dinamismo intelectual. Los conceptos que intentamos alcanzar, llámese amor, libertad o dinero, son abstracciones a las cuales nos han acostumbrado a pensar. Dejemos de juzgar y acusar en ese caso, culpar siempre es delito. La fuente de todo conocimiento es el mismo interés. Somos aventureros por naturaleza, atrevámonos a pensar y a filtrar ese pensamiento con ciertas normas sociales que, relativas en cada contexto especifico, son siempre funcionales para la prosperidad de un país, de un sector, de una sociedad o de una familia. La contradicción sólo se hace evidente cuando se le encarna; por lo demás siempre vive en el “mundo de las ideas” sin que demos cuenta de ello. Ocasionalmente recibimos la demanda, pero preferimos callar. Debe hacerse un avalúo de nosotros mismos. Nadie puede decirnos que somos o para que fuimos hechos. Hay respuestas que nos exigen cazar; meditémoslas, reflexionemos, organicémoslas. Estas cuestiones no tienen un fundamento netamente objetivo, aunque existen asentamientos básicos que provienen del esfuerzo directo de una actitud pragmática. Tomemos conciencia de las “etiquetas” del mundo social. El lenguaje es el origen factible de lo que llamamos “mundo real”. La palabra construye al mundo, suele decirse. Pero es obvio que el mundo ya existía mucho antes de que el primer Australopithecus supiera bostezar. La historia no debe ser consultada como la eternidad de lo pasado; el hallazgo más grande que ha dado el siglo XX ha sido justamente la reivindicación del juicio. Toneladas de información nos llegan cada día. El asunto de fondo que vive bajo el Mercado es una estrategia, así la política y la religión. Purifiquemos la información aprendida y transmitamos, si así se supone, lo interpretado. El siglo XXI es una asunto inconcluso, no creamos en las patrañas que nos alcanzan decir las voces mediocres. ¿Cómo diferenciar la mediocridad del verdadero compromiso con la palabra? Sencillo. Elabore un juicio de valor, la regla es: si es fácil no me sirve. Las sociedades no se formaron con buenas palabras. No existe la generación espontánea de conocimiento. Busque el conocimiento, es gratis. Ensaye su lenguaje. Aprenda para desaprender. Toque fondo si es necesario. El nuevo siglo necesita calentar motores. No podemos seguir caminando en la misma línea. Fomentemos la crítica. Tomemos conciencia de que fomentar la crítica no es algo que nos pertenezca personalmente. Es un ejercicio de encuentro y videncia. Nuestra imaginación no es infinita, ni pertenece solamente a nosotros. No creamos que nadie puede enterarse de lo que pensamos. La imaginación es un producto ajeno a nuestra cognición. La facultad de descubrirlo radica en La razón, úsela como vehiculo de encuentro. Desafíela. Ella descansa sobre dos cuestiones, la primera: es un escudo protector que nos confiere el don de la reserva. Segundo: cumple un función irreal que nos reta. Desee cuenta de ello por sí mismo.

viernes 2 de mayo de 2008

El dorado era un shampoo: Sabina, el más grande fracaso.

Reponer mis entradas al blog es tarea de humanidad. Me amonesté a mi mismo e intenté reunir mis experiencias totales para con cada artista. No tiene mucho caso reseñar un disco solamente. Una banda no es sólo eso, y sería absurdo e infinito seguir en ese mismo sendero. Por lo tanto llega hoy, un artista fundamental en la historia de la música española del siglo XX: Joaquín Sabina. La gente mayor a la que le gusta el artista generalmente tiende a pensar en su facha de cantautor bohemio. Y aunque no están completamente equivocados no lo es de todo cierto. Sabina ha contribuido enormemente a la suma total de la canción castellana. Las letras no son únicamente hechas para que él las cante. No. Aportan a la totalidad de la canción castellana un considerable número. Y como dice su biógrafo de cabecera Javier Menéndez Flores “Sabina es un género en sí mismo”.

Pero es cierto, para acceder a este artista se necesita un poco de apertura. Hay que comprender que todos los años que dedica un artista a sacar discos nuevos no merecen un juicio exhaustivo sacado de primera cuenta. Uno tiene que crecer mientras escucha, una y otra vez, hasta captar la esencia del roble. Sabina comienza su trayectoria en 1978. Años después, en 1986, grabaría su primer disco doble en vivo. Curiosamente su contemporáneo, “rival” y colega español, Serrat, sacaría un disco en las mismas condiciones (esto viene a colación por su reciente gira juntos “Dos pájaros de un tiro”) . Y a partir de esta etapa Sabina encuentra una fórmula para construir las letras. Podría mecerse a sus anchas e intentar soltar un poco el estilo de cantautor para pasar a ser un compositor de rock en español.

En México se le empieza a conocer masivamente con el disco Física y química. Su canción “Y nos dieron las diez” parece ser que nunca pasará de moda. Y es que es una reiteración de la canción vernácula al estilo José Alfredo Jiménez. Desde ahí Sabina concibe una etapa más madura de compositor auténtico y declarado. Porque como él mismo ha comentado alguna vez “Yo siempre quise ser cantante, pero terminé siendo un contante”.

Su disco de 1996 Yo, mi, me contigo es una de las piezas más elocuentes y diversificadas del artista. Colaboraron numerosos artistas y es una de las mejores piezas que pueden adquirirse para empezar a conocer el trabajo del ubetense. Sin embargo el camino que hay detrás es vasto y prolífico.

Sabina se encuentra ahora por encima del bien y del mal; se le están reconociendo en vida todos sus méritos como compositor de la escena musical hispanoamericana.

19 días y 500 noches es, según el español, el mejor disco de su carrera. Y quiero hacer hincapié en este dato. Después del disco que grabara al lado de Fito Páez -Enemigos íntimos-, Sabina necesitaba un respiro. Era como un “ok, fracasamos en este proyecto, le metí ganas y perdí tiempo y humor, pero ya viene lo nuevo”. Y todos esperaban con ansías dos cosas: o el fracaso definitivo del cantautor (quien por cierto ya estaba muy cansado en sus cuerdas vocales así como de otros menesteres) o un simple “pasó sin pena ni gloria”. Pues ninguna de estas dos. Sabina le cepilló los dientes a la crítica, a las ventas, a la gente que no creyó en él e inclusive a sí mismo. Es un disco entero literario. De la más alta calidad, con letras poéticas harto mordaces jamás escritas en lengua castellana por un sólo autor en un sólo disco. Esa poesía que se puede cantar y escuchar sin indigestión. Y no digamos más; Sabina, gran campeón del Fracaso, un lugar digno para todos.