jueves 2 de octubre de 2008

Los sustos

No hay nada mejor que un susto para aliviar la torpeza. Muchos preguntan acerca del tiempo, es uno de los temas favoritos de mi generación: el tiempo. Antes me agobiaba sobremanera. Creía que el tiempo era algo por lo que uno debía lamentarse, pero no había entendido que el tiempo es una percepción de los sentidos y que el pasado y el futuro son sólo ideas de nuestra mente. La vida sucede siempre en presente continúo y simultaneo. Hay personas que manejan el tiempo de distinta manera. Seres que son capaces de traspasar las expectativas de su época y se conducen sin fronteras ni ataduras temporales, es decir, no se comportan de acuerdo a una edad; su espíritu no tiene un límite auto impuesto. Esto los hace diferentes porque ríen con soltura, porque recordar para ellos no es una maniobra personal. Porque la esencia de la que cortan sus experiencias está basada en una configuración mágica de la realidad: no existen coincidencias ni casualidades. Todo se basa en el nivel energético y en la impecabilidad, que es el hecho de realizar cada acto en nuestra vida, por complejo o simple que parezca, de la mejor manera posible. Y dicen que un poco más.

Muchos hablan de religión y expresan su opinión -que al tener religión no es particular- resolviendo todos sus conflictos con el sonoro dilema deux ex machina; o séase, que no se hacen responsables de sus actos y le achacan todo a una fuerza superior que decide por ellos.
Esto es práctico y parcial. La religión debe ser ante todo un estado de conciencia capaz de diferenciar lo bueno de lo malo, es decir, de poseer una justicia propia, por encima de la moral y otros acuerdos humanos. En algunos esto es sinónimo de convicción. Pero esto es errado porque las convicciones no son estados de ser, sino formas de hacer las cosas. La religión compete al espíritu; es un instrumento para llegar a algo. Ese algo es la conciencia, el otro yo, la “Verdad” de las cosas.

Otros deciden penetrar en el misterio del mundo con muchos razonamientos e intelectualismos, pero este camino, aunque noble como intento de superarse, no es dable porque carece de voluntad. A ésta podría definírsele como un sentimiento que nace de lo práctico. Nadie que no compruebe un dato pragmáticamente puede jactarse de tenerlo. Los datos deben ser opciones abiertas a las posibilidades de un hombre. Digamos no a las alternativas y enfoquémonos en las posibilidades humanas que abren las puertas al inconsciente del hombre, a la parte velada de nuestro yo que se ahoga entre un mar de ego.

A mí me suceden muchas cosas. Algunas veces tengo un pensamiento súbito que se hace aparecer como una canción. Me digo: “hace rato que no oigo tal canción” y de un momento a otro, la escucho en la radio o alguien me la regala o alguien me pregunta sí la escuche. Esto no es raro. Esto se debe a que nuestras mentes, al vivir en la constante repetición de costumbres y hábitos, se aferra a un inventario de la realidad que cree como propio, pero que no es en ninguna forma exclusivo ni personal, sino es un compartir colectivo. Este ejemplo también puede suceder con algún otro objeto, persona o circunstancia. Y seguramente al preguntar escucharán decir al otro: “! Pero si nos pasa lo mismo !” o “que coincidencia, justamente estaba pensando en ti” o “que casualidad, fíjate que…”

Pero esta percepción de la realidad no se nos quita sino con un susto. Algunos prefieren el alcohol, las drogas, los chimes, el sexo, etc. No les asombra la calidad de los acontecimientos. De estar atentos en todo sentido encontraríamos más de lo que buscamos. A mí ya me ocurrió. Pensé que nada interesante me iba a suceder y pedí, a la pronta edad de la pubertad, un deseo. Y se me ha cumplido a golpes. No me puedo quejar por lo inconcebible que puedan resultar los cambios de vida. Por eso mi vida es una película donde me la pasé de protagonista, sin ser empático ni lograr ser espectador de la misma, lo que sin duda, me deja mucho más.

1 comentarios:

Rodrigo dijo...

Vaya, muy buen post de la noción y percepción tiempo. Comparto tu opinión.
saludos