No baso mis explicaciones en el nivel ordinario del primer esfuerzo, intento construir mis pensamientos de acuerdo al nivel de experiencia (practica) sumado al acceso de diferentes y variadas teorías. Si bien es cierto que “el conocer algo “es un proceso discutible, esto no deja impedir que cada uno de nosotros desarrolle una noción personal del “conocer”; así podemos afirmar que unos con los otros estaremos o no de acuerdo con lo que digamos o podamos decir al respecto de cualquier cosa. La opinión es una noción que se construye a partir del choque con el otro o con la otredad. En el caso de decir “conozco a tal persona” es arbitrario; podemos conocer sus gustos, su personalidad, sus gestos, su voz, ETC. Sin embargo, nunca llegaremos a conocer su ser, porque ni siquiera él lo conoce; además de que cuando conocemos a alguien siempre hay detrás de él una historia personal, un camino recorrido que se manifiesta a nosotros a partir de un tiempo y espacio predeterminado. Imagínense ésta suposición contrastada con la Historia; rama académica que se encarga de estudiar los diversos procesos sociales y culturales por los que ha atravesado el mundo. Así bien tenemos una explicación del Bing Bang, de las Guerras Mundiales, del meteorito en Chixchulub, de las Cruzadas, de las religiones, ETC. No me entusiasma afirmar nada, porque ello representaría un “punto y aparte”, un dar por hecho, una objetividad inamovible. No dudo sin embargo en el esfuerzo humano que hace que el misterio desaparezca, para dar paso a “la luz de la verdad”. Pero, filosóficamente, es difícil afirmar considerando el asunto resuelto, porque de ahí nace otro y más grande misterio.
La edad de la repetición, que comienza en la pubertad, se evidencia por los patrones de conducta que aporta lógicamente la psicología, disciplina que estudia los aspectos, globales y personales, del ser humano. La edad de la repetición es un caos, es una paradoja. Si bien es cierto que cuando crecemos, cuando somos niños, todo lo que nos pasa no nos fastidia o no nos causa una gravedad mayor (tomemos ésto dentro de las condiciones naturales a la que "todo" niño se debería enfrentar), en la edad de la repetición, el tonal de su ser se rebela automáticamente, harto de las experiencias que acumuló durante la última parte de su niñez. No enmarquemos esto en edades ni tampoco generalicemos; simplemente tratemos de verlo a partir de nuestra experiencia previa como seres humanos que crecieron y fueron sujetos a la experiencia de no querer ir a la escuela, de no querer hacer la tarea, de no querer salir de casa, de no querer cooperar con la casa, de no querer leer, de no querer hablar con alguien, etc.
La edad de la repetición no tiene que ver con las costumbres, simple y sencillamente porque podemos dar cuenta de ellas en cualquier momento y a voluntad; la edad de la repetición tiene que ver con el desplazamiento de la memoria, de la paciencia, cosas que no podemos controlar a voluntad, dejando de hacerlas, cambiándolas, usándolas, sintiéndolas, etc. Estamos hechos para cumplir roles, lo que nos hace más difícil la existencia cotidiana; el púber o adolecente se rebela ante éstas cuestiones, ante lo que se espera de él.
Yo estuve en esa etapa y ahora me veo reflejado en mi hermanito de 16. Todo lo que hace es perfectamente entendible para mí. Por eso mencioné al principio el acto del “conocer”. Yo creo conocerlo, y me reflejo en él; sin embargo, sé que ignoro parte de su ser y que su memoria y paciencia están determinadas por un “vivir a prisas” bastante natural. La percepción del tiempo para él es muy distinta. Lo que él hace es caer de nueva cuenta en el acto de la repetición de sus sentidos. La edad de la repetición no se hace evidente sin conocimiento de lo involuntario de la mente humana. Por ello, trato de enseñarle que no se debe molestar, porque no tiene fundamento y es insostenible, que debe cooperar porque es un “hacer” que lo libera de la carga de sus cotidianas acciones, que debe reflexionar por qué le gusta tal o cual cosa, que debe retener el aprendizaje que recibe de cualquier persona, que debe dejar de repetir los clásicos clichés o muletillas del lenguaje ordinario, que debe tener conciencia de que su memoria le juega bromas repetidas. Y todo esto explicárselo con un sentido lúdico, de armonía o como reto. Las personalidades fluctúan pero el patrón de la repetición de lo involuntario persiste.
Haga la prueba. Pregúntese quién es usted y qué hizo de chamaco. No de nada por hecho, no juzgue, no critique, no deje de dudar, no generalice, no se queje, no condene, no reproche, no use muletillas, no se burle, no grite, no se enoje, no de nada, nada, nada por hecho. Verá como sigue en la temible: edad de la repetición.

1 comentarios:
Todo el mundo lo que pretende es conocer, ver la luz, sentirse iluminado, pero la verdad es tan relativa, depende de todo lo que tienes guardado la percepción de la verdad. Como bien dices uno dice conocer y no se conoce a uno mismo. Tenemos una idea vaga de que sucedió por lo que nos cuentan, pero como dice Alejandro Santiago en su canción "Carne de cañón" La historia a su manera la escribe siempre el vencedor.
Y siempre falta esa otra parte que complementa, eso que quedó perdido, que forma el todo.
En lo que mencionas sobre la edad de la repetición suena muy interesate, esa rebeldia natural, librarse le los estereotipos, probar de todo para encontrarse a uno mismo. Y es algo que nadie te va a decir como hacerlo, pueden guiarte, pero al fial la sma de experiencias y palabras nos van definiendo. Hay quienes se encuetran y hay quienes mueren sin saber quienes fueron...
Saludos
Nos estamos leyendo
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