sábado 8 de marzo de 2008

El olvido tiene un Resorte.

Cuando se habla de una banda se hace mención de multitud de detalles acerca de lo que han hecho, logrado o podrán lograr; pero el caso es siempre el mismo, se olvida de cerca la propuesta integra de su música. Al realizar una entrevista o evocación se tocan detalles que pocas veces satisfacen al lector ferviente, pero que para la mayoría resulta pasable. Habría que preguntar o intuir con intención a la hora de estar frente a frente con la materia; la banda contestaría como lo que son: seres humanos dotados del don mágico de la creación musical. Muchas veces su influencia va más allá de lo que se cree.

Resorte es una banda mexicana de ancho calibre. Aunque poseedora de pocos materiales discográficos es bien conocida. Esto se debe a su calidad y al momento clave de su gestación y nacimiento, o al menos, cuando se da a conocer a la luz pública. La permanencia de una banda de rock en los medios de comunicación depende proporcionalmente de su calidad y bienaventuranza. Pero Resorte se apagó en un momento clave que pocos entendieron: su evolución. Indudablemente rompió con todos los paradigmas internos que atañen a cualquier grupo; desafiándose a sí mismo e imponiendo un orden distinto a la hora de concebir el estado sustancial de las canciones hechas. Por ello su tercer disco Rebota (F=KX) gozó de poca comprensión, aunque de mucho respeto. Precedido por su anterior placa XL (Extra large), para muchos el más alto estadio y punto cumbre del grupo.

Los puristas del rock seguro querrán una descripción básica de los elementos instrumentales de dichos discos; pero hay momentos en que el sentido de crítica debe basarse únicamente en la emoción.

Esperemos la próxima estampida de la banda. El salto a la materia debe concertarse en una nueva maravilla.