Cuando conocí a Javier Krahe ya era demasiado tarde: había envejecido. Pero seguía tan poco marchito como siempre que la voz no le había mudado y le sobraba genialidad, letra y humor inteligente para compartir.
He comentado la propuesta necesaria de tener cuando un menos un buen cantautor de cabecera sentado a un lado de la cama. Hacer de un buen espíritu el método perfecto para la vida anti simplista. Y me gusta pensar que Krahe pudiera ser el gran cantautor español de todos los tiempos, haciéndole mítico honor a ese cúmulo de características donde señalar la grandeza. De todos modos, esto sólo el tiempo lo entrega. Por el momento, escuche desocupado lector la obra, pues el mismo Krahe atenta una y otra vez contra sí mismo, aunque pocos entienden la sutil broma. Siendo objetivos, Krahe es magnifico, siendo lo contrario, Krahe crece, crece y se engrandece, como día a día la poesía de siglo de oro español, la que a él tanto le gusta: “Es algo que tengo interiorizado” en sus palabras.
Ninguno de sus discos se ha vendido legítimamente sobre territorio mexicano, así que este país para debe de ser para él ( en términos de conciertos, promoción o entrevistas) lo mismo que para Sancho Roma. Aún pese a esto, Krahe goza de un importante público cautivo que puede encontrarse en cualquier supermercado de supercherías. Ahora Internet lo soluciona todo. Y no es imposible viajar a España o encargarle a cualquiera uno de sus buenos disquitos. Aconsejo los primeros después de La mandrágora, disco que grabara al lado de Joaquín Sabina y Alberto Pérez a principios de los ochenta.
Últimamente ya se le brindó su merecido homenaje, donde artistas como Serrat, Aute, Sabina, Miguel Ríos, Alejandro Sanz, Pedro Guerra, Albert Plá, Rosendo, etc. se atribuyen uno que otro tema de su gusto.
Ya no digamos mucho más. Krahe envejeció sin marchitarse.
viernes 1 de febrero de 2008
¿Dónde se habrá metido este Javier?
No la chiflen que es rockeada
Reseña rock
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