Santa Sabina es una de las bandas cautivantes en la escena rock de nuestro país. Se diría que quien escucha buen rock latinoamericano inevitablemente ha pasado por las vueltas y giros de su música, de la sensual voz de su vocalista y de la maravillosa interpretación musical de sus integrantes. Pero decir aquello a estas alturas significaría dar un paso atrás, porque la banda ha dado pasos agigantados en sus producciones y en sus recitales, y ha conservado esa poesía única que hay en sus letras.Fijémonos un momento en la correspondencia que guarda el nombre de la banda; en primera medida la actitud sacra es evidente; dudo mucho que tenga que ver con una religión específica. La religión es el acto de estar conciente de la divinidad; los santos aquellos protectores, ídolos espirituales que surcaron el camino de la fe y la devoción. Pero el nombre de la banda está en apego a una imagen femenina, intensidad de género ovulatorio. Y en aquel 1989 –año en que se formó la banda- ya se habían consumado en el infinito las cenizas del cuerpo de María Sabina, la sacerdotisa del conocimiento ritual. Capaz de curar enfermedades abrió un nuevo camino en comprensión para el hombre occidental; aquel que no encuentra salida en un mundo tan descompuesto y ahora tan globalizado. La evocación, pues, del nombre de la banda está colmada de una carga intensa de significado. Sabiendo esto, no siempre de antemano, dispongámonos a escuchar el discurso en música de esta banda originaria de México, Distrito Federal.
Para que una banda permanezca vigente en el ojo del huracán hace falta más que un buen empujón mercadotécnico. Inclusive las ventas no tienen que ver con este factor; quiero decir, para que una banda permanezca unida, compartiendo una creencia en común se necesita de una identidad; identidad que pueda sentirse de adentro hacia fuera, hacia el público, hacia los medios, hacia la crítica y por fin, hacia la posteridad. Santa Sabina es un conjunto sagrado, su música matizada de texturas jazzistas o escultóricamente oscuras no son otra cosa que el compartimiento de una sentir común, de una identidad, de un ideal. Ésta se debe en gran medida a la influencia e intervención del arte, de la pintura, la arquitectura, el caos, la belleza, la ciudad, la música clásica, la poesía contemporánea y el rock urbano. Por eso funciona, en el corazón de muchos, sobremanera.
A la fecha son ocho discos que ha sacado el grupo. Y no se han dedicado únicamente a esto. El bajista, Alfonso “Poncho” Figueroa ha participado en el cine hecho mexicano y con otros artistas. Rita Guerrero ha estado al tanto en medios audiovisuales, ya sea conduciendo un programa o teniendo intervenciones de otro tipo, pero siempre en pro de la buena cultura. El guitarrista Alejandro Otoala, es también parte de La Barranca, otra de las glorias musicales de México. Y no terminemos (por el momento) en corta escala-alusión a Santa Sabina. Encuentro dos partes en la banda; una que concluye con su disco Babel, luego procrearon su resentido MTV Unplugged. La nueva vertiente se inaugura con una de las piezas musicales de culto más relucientes de los últimos tiempos: Mar adentro en la sangre. Un disco soberbio. Y le continuó Espiral. Una evocación a la poesía circular. Con este disco sacaron también un DVD en vivo del mismo nombre. Cargado de imágenes que encallan en el subconsciente y nos sumergen en la contemplación total. Atrevámonos a ser parte de este ritual melodioso, en donde la experimentación y las atmósferas envolventes están al pie del cañón, la voz de Rita Guerrero es un instrumento artero de las más agudas percepciones sonoras.




