martes 13 de noviembre de 2007

La posteridad de Santa Sabina.

Santa Sabina es una de las bandas cautivantes en la escena rock de nuestro país. Se diría que quien escucha buen rock latinoamericano inevitablemente ha pasado por las vueltas y giros de su música, de la sensual voz de su vocalista y de la maravillosa interpretación musical de sus integrantes. Pero decir aquello a estas alturas significaría dar un paso atrás, porque la banda ha dado pasos agigantados en sus producciones y en sus recitales, y ha conservado esa poesía única que hay en sus letras.

Fijémonos un momento en la correspondencia que guarda el nombre de la banda; en primera medida la actitud sacra es evidente; dudo mucho que tenga que ver con una religión específica. La religión es el acto de estar conciente de la divinidad; los santos aquellos protectores, ídolos espirituales que surcaron el camino de la fe y la devoción. Pero el nombre de la banda está en apego a una imagen femenina, intensidad de género ovulatorio. Y en aquel 1989 –año en que se formó la banda- ya se habían consumado en el infinito las cenizas del cuerpo de María Sabina, la sacerdotisa del conocimiento ritual. Capaz de curar enfermedades abrió un nuevo camino en comprensión para el hombre occidental; aquel que no encuentra salida en un mundo tan descompuesto y ahora tan globalizado. La evocación, pues, del nombre de la banda está colmada de una carga intensa de significado. Sabiendo esto, no siempre de antemano, dispongámonos a escuchar el discurso en música de esta banda originaria de México, Distrito Federal.

Para que una banda permanezca vigente en el ojo del huracán hace falta más que un buen empujón mercadotécnico. Inclusive las ventas no tienen que ver con este factor; quiero decir, para que una banda permanezca unida, compartiendo una creencia en común se necesita de una identidad; identidad que pueda sentirse de adentro hacia fuera, hacia el público, hacia los medios, hacia la crítica y por fin, hacia la posteridad. Santa Sabina es un conjunto sagrado, su música matizada de texturas jazzistas o escultóricamente oscuras no son otra cosa que el compartimiento de una sentir común, de una identidad, de un ideal. Ésta se debe en gran medida a la influencia e intervención del arte, de la pintura, la arquitectura, el caos, la belleza, la ciudad, la música clásica, la poesía contemporánea y el rock urbano. Por eso funciona, en el corazón de muchos, sobremanera.

A la fecha son ocho discos que ha sacado el grupo. Y no se han dedicado únicamente a esto. El bajista, Alfonso “Poncho” Figueroa ha participado en el cine hecho mexicano y con otros artistas. Rita Guerrero ha estado al tanto en medios audiovisuales, ya sea conduciendo un programa o teniendo intervenciones de otro tipo, pero siempre en pro de la buena cultura. El guitarrista Alejandro Otoala, es también parte de La Barranca, otra de las glorias musicales de México. Y no terminemos (por el momento) en corta escala-alusión a Santa Sabina. Encuentro dos partes en la banda; una que concluye con su disco Babel, luego procrearon su resentido MTV Unplugged. La nueva vertiente se inaugura con una de las piezas musicales de culto más relucientes de los últimos tiempos: Mar adentro en la sangre. Un disco soberbio. Y le continuó Espiral. Una evocación a la poesía circular. Con este disco sacaron también un DVD en vivo del mismo nombre. Cargado de imágenes que encallan en el subconsciente y nos sumergen en la contemplación total. Atrevámonos a ser parte de este ritual melodioso, en donde la experimentación y las atmósferas envolventes están al pie del cañón, la voz de Rita Guerrero es un instrumento artero de las más agudas percepciones sonoras.

Intro a Fito Páez

A veces, llega un momento, en el que uno como persona escoge lo que a su juicio es lo mejor. Lo mejor es siempre “algo abstracto”, en lo cual se puede profundizar o idealizar. Cualquiera de estas dos facetas desembocan en la seguridad, que no por ello es segura, sino hasta cierto grado: comprensible. Bueno, pues resulta que en estos momentos en la vida de cualquier ser humano, que vive en un entorno social definido, se cae presa de un buen libro de poemas, de una buena película de cine, de una buena canción o mejor aún, de un buen cantautor de cabecera.

Si de momento se descubre algo como Fito Páez, no se termina odiándolo. Se ama en primera medida un par de canciones, luego se pregunta: ¿Y este quién es? Pues si. El argentino tiene una facultad impresionante como músico, fundamentalmente rockero. Sus letras –aunque no se han reconocido como las mejores- si son en buena medida contribuyentes al arte. Y es que en todas ellas podemos hallar algo “fuera de lo ordinario”. A mi parecer, Fito podría definirse en dos etapas, sin contar la de ahora. El Fito de los ochenta, joven, que hacia un rock de autor y empezaba a despuntar con discos geniales y verosímiles a su persona. Supongo que esta parte de la vida de Fito cierra con broche de oro con el disco de estudio de 1988: Ey! Después inaugura con Tercer mundo, su siguiente entrega de los noventa, un nuevo torrente de creación. Mas compleja, más segura, mejor desarrollada y con mayor dosis de seguridad. Dicha etapa llega a su cúspide comercial con El amor después del amor, la placa más vendida en la historia del rock argentino, que hoy en día, más que una condecoración parece una “carta de presentación a la fuerza”. Pues no. No es su mejor disco, porque “lo mejor” es siempre algo abstracto. Fito demostró con su siguiente placa Circo Beat que esto era sólo el principio. Porque fue en su momento un desafío, porque el público cautivo que siempre siguió a Páez se desconcertó, porque ese otro público esperaba – como es la costumbre- otra dosis de lo mismo…pero fue mejor.

Sin embargo el cantautor rosarino no se detuvo ni un momento, y con Euforia, realiza un capricho sumamente serio y proporcionado, un disco donde toca viejos temas (y tres nuevos) con base sinfónica. El siguiente sólo vino a consagrar el carácter ilimitado del cantante, Enemigos íntimos, al lado de Joaquín Sabina. Dicho disco tuvo su dosis de controversia mediática; se dieron a conocer ciertas cartas donde los músicos rompían todo vínculo laboral y hasta se podría decir “intimo”. Las cosas no han vuelto a ser las mismas desde aquellos avatares (aquí cabe mencionar que el disco que grabó con el español es una de las mejores uniones musicales que pudieron suceder en este ámbito) . Pero por otro lado, dicha barbarie fomentó en Fito el deseo de resurgir de la mejor manera posible: Abre. Un disco sublime, inmortal, cargado de la mejor dosis de belleza, finura y calidad. El mérito que tiene es sencillamente palpable. Y después de este disco las cosas no volvieron a ser iguales; Fito ha madurado; han pasado por su vida ciertas “aceleraciones comprensibles”.
¿Y por que no terminar de la mejor manera posible, por el principio? Los discos ochenteros del autor son maravillosos. Convertir o no a Fito en tu cantautor de cabecera no es cosa difícil, pero seguro te encuentras a sus colegas, los cuales lucharan a muerte por ese puesto; pero para Páez no hay limites ni rivales, hay que saberlo escuchar.

sábado 10 de noviembre de 2007

Talking about: Molotov

Para hablar de una banda de peso como lo es Molotov hace falta más que el simple deseo de hacerlo. El fenómeno sociológico que representaron años atrás es una de las muchas razones por la cual Molotov obtuvo la simpatía de muchos y la reprobación de otros. Esto, sin embargo, nos habla de un compromiso con el público; esa audaz manera de clamar la libertad de expresión y vincularla con la podredumbre de un país tan multicultural como viciado, como lo es México, sus estados y su psicótico y hermoso Distrito Federal.

Lo que a primera vista parece estar a la vanguardia no parece durar mucho tiempo, como una ola salada o una mecha dormida. En este breve espacio de tiempo, la gente reacciona a favor o en contra del producto. Elabora un juicio y permanece en paz consigo misma los siguientes días. Y tal parece que dicha empresa se apaga o en caso contrario, acelera su evolución. Esto fue lo que sucedió con Molotov, y dicha evolución consistió –como lo es en el caso de cualquier banda musical- en la entrega de mejores y más consistentes discos.

Es cierto que durante la niñez de mi generación, la banda era portavoz de una parte de la juventud latinoamericana, pero nunca se dieron cuenta de la calidad musical inherente en la banda hasta después; y poco a poco disminuyeron esas primeas impresiones.
La gente que sigue y siguió a Molotov después desde su primer disco de estudio ¿Dónde jugarán las niñas? es la verdadera y más plausible. Esto no quiere decir que no se hayan conocido los sencillos siguientes, ni que no se haya vuelto a ver ningún video, presentación en vivo, entrevista –visual o escrita- del grupo de rock mexicano, no; quiere decir que se obtuvieron los discos originales, que se escuchó cada una de las canciones y se llegó a la conclusión de que cada integrante posee en sí mismo un potencial magnifico; que se alinearon los planetas para su respectivo puesto dentro de la banda.

Hoy por hoy, son uno de los grupos de mayor peso, calidad y creación sobre nuestra escena rock. Son parte de los líderes del mounstro de rock nacional. Y como entre ellos no existe la discriminación, se puede decir, con suma justicia, que el idioma inglés (en el que también componen sus canciones), es una variante de la expresión universal, como lo es también el castellano. Sin más.

Consideremos a Molotov como el gran pilar que es. Escuchemos los discos. Es injusto esperar sin determinación y generalizarlos. Ahora se encuentran en uno de sus mejores momentos creativos, utilizando los medios mercadotécnicos y la prensa para simular una confrontación conra todo lo predecible. El cover no es cover cuando se recrea. La invención no sólo es originalidad sino innovación.