miércoles 26 de septiembre de 2007

Correspondencia sin carta escrita o motivo aparente.

Haciéndole honor al mítico realismo mágico, el sureste mexicano, donde radica mi hogar, no ha dejado de llover. Llueve seguido, llueve ahora, llueve ayer y llueve mañana. Y con éstas mismas gotas de agua la historia recorre el infinito, perecedero e imperturbable.

Pero lo que nos precede es la música -esencia del alma- y no otra cosa. Gozamos actualmente de los bienes materiales necesarios para reproducir nuestro sentir en acordes, en notas, en cantos, y no sólo eso, de rescatar, la poesía universal, en bellísimos compartimientos legales: las obras.

Tenemos parte del Canto general de Pablo Neruda envuelto en poderosas atmosféras de Los Jaivas, grupo chileno de gran proyección. Tenemos obras de Spinetta - gurú de las esencias musicales- plasmada a partir de libros de gran literatura. Tenemos un guiño de Fito a Bukowsky, Henry Miller u Osvaldo Lamborghini o al propio Sabina declamando enérgicamente parte de la bienvenida útopica del Modelo para armar de Cortázar. No es esto casualidad ni coincidencia, sino intuición de parte del artista, intérprete o compositor. En México, tenemos sutiles correspondencias a José Emilio Pacheco -Las batallas en el desierto- de parte de Café Tacvba. A Saúl Hernandez -Caifanes, Jaguares - emitiendo glorificas reticencias a la literatura prehispánica de aquellos siglos intensos. Referente a esta medida encontramos a Santa Sabina interpretando poemas de Baudelaire o Xavier Villaurrutia.

Esto es solamente un trozo en la hechura contemporánea del arte, toca el destinatario -indiferente o desapercibido- hallar ese encuentro, ese empate de conciencias, de destino o de sabia percepción. No es uno sólo el camino, ni todos llevan a dios, examinemos con vicio.

domingo 23 de septiembre de 2007

Sobre los tres náufragos mexicanos...

La noticia de los tres náufragos mexicanos encontrados en playas lejanas a nuestras costas debe generar en nosotros desconcierto, es natural; pero luego tiende a convertirse en algo completamente macabro, repleto de intereses, dudas y malos pensamientos. Todo esto permite darnos cuenta de la situación deplorable que se vive en México. Es cierto, queremos explicaciones, pero son éstas, una consigo mismas y no al contrario; porque más bien lo que parece que queremos son razones que se ajusten a nuestra percepción de las cosas, de los acontecimientos, de los hechos, de nuestro marco cultural y horizonte intelectual. ¿Dónde queda la fe en el hombre? No existe, y cada quien ve por su cuenta vilmente, sin escrúpulos, conciencias o convicciones. Esto me recuerda lo irregular, no sólo del ser humano común, sino del mexicano hacia su gente, hacia su raza. Detrás de estos tres pescadores -seres humanos ante todo- se encuentran decenas de cuestionamientos, amonestaciones, intentos de desprestigio o miserablemente desprecio. ¿Cómo puede funcionar así nuestro país? Casualmente llego a éstas conclusiones al darme cuenta parcial del papel de reportero o institución noticiera que hace gala de la noticia a manera de circo, que se esfuerza en convertir una odisea fantástica – inverosímil seguro- en algo que se ajusta a fines de desazón y delito humano. Desde la forma en que son tratados por la prensa, hasta las especulaciones que despiertan las opiniones más repudiables (casos políticos); o hasta convertir -sensación amarillista en seguras ventas-. Despreciable será esta ruina ideológica de aquí en adelante. Porque si analizamos sensatamente ningún país se va a prestar a un juego de rescates y apariciones, ningún extranjero hará caso omiso a un acontecimiento real como lo es la aparición de éstos tres hombres. Reitero la buena fe que debe tenerse en el ser humano; mientras tanto México sigue en huelga de espíritu, como se hace cada vez que prendo la televisión y me topo con las risas burlonas y engreídas de algunos periodistas de traje gris y poca monta.